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CONCLUSIONES - Texto de reflexión
Maite Carranza

¡FELIZ AÑO 2008!

Antes que nada agradecer la participación a todos los que habéis escrito a lo largo de estas dos agradables semanas. Sin vuestra aportación personal a este foro, sin vuestras ideas, preguntas y observaciones no me habría sido posible reflexionar sobre algunas de las premisas (personales y subjetivas) de las que partía para lanzar este tema al aire. Tampoco habría podido modificarlas ni llegar, evidentemente, a ninguna conclusión.

Lo más sorprendente para mí ha sido: que la opinión generalizada con respecto al humor en la literatura infantil y juvenil es que apenas existe y que, aunque lo hay con honrosas excepciones, pasa inadvertido, está poco estudiado, poco valorado y carece de calidad.

Coincidimos, sin embargo, en que algunos cómics y tiras humorísticas aportan esa ironía y malicia necesaria para educar a los más pequeños en el sentido del humor. (Desde aquí un hurra para Charlie Brown). ¿Y eso por qué? Si ampliamos el panorama de nuestro zoom constato que hay un gran desconocimento de la literatura de adultos humorística actual y de nuestras propias fuentes literarias que, aunque algo rancias, existir existen. Tal vez uno de los motivos sea que la literatura humorística no se considera una literatura de calidad.

Esa sería una buena aproximación puesto que hay consenso en subestimar aquellos géneros cinematográficos, televisivos o literarios impregnados de humor o con corte humorístico.

“Yo evito ver comedias en el cine, me parecen muy malas” se ha dicho por ahí. Y razón no le falta.

En España, aquí y ahora, al humor le precede una cierta mala fama ganada a pulso por la vulgaridad de algunas series y programas televisivos, de bastantes cintas cinematográficas destinadas al gran público y de algunas publicaciones de masas pretendidamente graciosas, pero de dudoso buen gusto.

En los últimos tiempos la producción de humor “basto” en masa ha desprestigiado definitivamente la alta comedia, la sitcom de corte británico y la literatura satírica que, contrariamente a lo que sucede en España, goza de prestigio y buena fama en el mundo anglosajón.

Esa ha sido mi sorpresa. Descubrir que el humor, para la mayoría de participantes, era poco serio. Lo cual, traducido, signirficaba que considerar algún producto como humorístico era un rasgo que desmerecía la calidad cultural del producto y le restaba valor. Me costó comprender que en general se asociaba humor (en todos los frentes) a chiste fácil y grosero.

Y esa es una observación muy, muy interesante para los que nos dedicamos a la tarea de crear. Recojo el testigo y asumo la culpa. Lo hemos hecho mal.

La literatura infantil y juvenil, así pues, no es más que un eslabón –tal vez el más débil– que se ve perjudicado por el desprestigio español del humor. (Aquí debo hacer notar una diferencia respecto a la tradición literaria y teatral humorística catalana que no hereda prejuicios históricos).

Sin embargo, en cuanto a los niños, reconocemos que son divertidos, que nos hacen reír y que conllevan un sinfín de risas asociadas a su aprendizaje vital (como maestros, como padres, como observadores).

Y aquí sí que hay esperanza. A pesar del desconocimiento de algunas joyas literarias y cinematográficas que destilan humor por todos sus poros, la mayoría de los tertulianos admite y admira el potencial humorístico de los más pequeños y las situaciones cómicas que provocan su ingenuïdad y su sentido de la verdad.

Y tambien añado a las coincidencias la conclusión compartida sobre lo necesario que resulta en nuestra realidad cotidiana aportar un poco más de humor para distendir los conflictos. Curioso puesto que representa una contradicción con respecto a nuestro ideal cultural asociado a la seriedad. Si cambiamos los parámetros y saltamos a la realidad no queremos un día a día serio, preferimos que nuestra vida esté salpicada por el humor, nos resulta más llevadera.

¿Será ésta la manera?

Tal vez asociando el humor a una sociedad más sana y más equilibrada (valores en boga) tal vez encontremos el camino para prestigiarlo en el ámbito literario. Como decimos en Cataluña “de mica en mica s’omple la pica”.

Y, naturalmente, para comenzar la casa por los cimientos ( y no por el tejado) qué mejor inversión que la de educar a nuestros niños en la carcajada.

¡Que viva el humor y que viva muchos años!

Maite Carranza.



MAITE CARRANZA

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