¡Hola,
compañeros fantásticos!
Aprovecho
la ocasión que me ofrece este epígrafe de “conclusiones”
para despedirme, por el momento, de vosotros.
No
creo que sea necesario que yo saque ningún tipo de conclusión
o resumen de nuestra conversación. Vuestras intervenciones
han dejado claro que no hace ninguna falta y que todos pensáis
muy bien por vuestra cuenta.
Sólo
quería daros las gracias por vuestra participación,
por vuestras preguntas –inteligentes y estimulantes–,
por vuestro entusiamo y vuestra flexibilidad mental.
He
disfrutado mucho “charlando” con vosotros y siento
que ya se haya terminado, pero hay que dejar paso a nuevos temas
y nuevas voces, igual que cuando uno acaba de leer una novela
le da mucha lástima tener que salir de ese mundo pero
enseguida, cuando empieza la siguiente, vuelve a sentirse parte
de ella.
Ha
sido estupendo sentir –yo que, de jovencita, siempre me
sentí tan sola en mis gustos y aficiones, tan “rarita”
que a veces pensaba si no sería una extraterrestre abandonada
en este planeta– que estáis ahí, que hay
más gente que siente y piensa en las mismas líneas.
Somos gente que habita la gran casa del fantástico y
disfruta perdiéndose en sus laberínticos corredores
y abriendo puertas disimuladas para encontrarse con fascinantes
salones y bibliotecas infinitas en cuyos suelos polvorientos
se dibujan las huellas de pies no siempre humanos. Nos veremos
de nuevo en un tiempo impreciso en ese lugar que no es un lugar
donde cualquier cosa puede suceder.
Gracias
por estas dos semanas y hasta siempre.
Elia