“Leer
en el aula”. ¿Tesis utópica? Parto de la
idea de que no se puede obligar a leer para que te guste la
lectura. Para ello, proponía precisamente que se olvidaran
las lecturas como tareas obligatorias en casa y que se fomente
la lectura en clase y el comentario de texto posterior, que
es, guste o no, importantísimo. Lo cierto es que se ha
comprobado que para algunos mi tesis es ‘distópica’.
Es decir, la peor de las realidades posibles. Otros profesores
lo ven complicado, por no decir imposible. Normal, están
acuciados por el calendario y el programa académico que
deben cumplir. A ellos les excuso. Por eso, cuando algún
forero ha hablado de que leer en el aula algo que el profesor
quiere también es obligar, he intercedido a su favor:
me parece que si un maestro decide transmitir su pasión
lectora a sus alumnos, tiene todo el derecho a elegir el libro.
Además, hay que confiar en su formación y su sentido
común: si lo posee, leerá a sus alumnos cosas
acordes a su edad y experiencia. Hay quien opina que deberían
ser los alumnos los que elijan las novelas. Esto ya sería
perfecto, pero me temo que con que den ese primer paso liberalizador
hacia la lectura en el aula, vamos arreglándonos. Ha
surgido una idea: que una semana se lea lo que el profesor quiera
y otra lo que los alumnos sugieran. Sería maravilloso,
¿verdad?
Otros
foreros piensan que las obras maestras de la literatura no se
deben leer jamás fuera de la universidad. No les falta
razón. Otros, que debería ser preceptivo para
los chavales en secundaria. Los hay que creen que son bodrios
infumables y los menos que deberían leerse para adquirir
cultura general. Todas son propuestas u opiniones muy interesantes
y que han dado mucho juego. Por supuesto que no son bodrios,
pero un mal profesor y una lectura obligatoria a destiempo puede
ser fatal: campo abonado para dejar de lado las novelas y dejarse
atrapar por la hechizante verborrea de la televisión.
Curiosamente, aunque el tema giraba en torno a las lecturas
en el aula, también ha saltado la televisión a
la palestra. Por supuesto que la “caja tonta” es
el moderno leviatán de los libros, pero se han ofrecido
soluciones de sobra para contraatacar eficazmente con el papel.
Y lo mismo sirve para consolas, play station y similares,
que no se nos olvide. En casa debe comenzar la rebelión
contra los seductores rayos catódicos. La escuela y el
instituto deben rematar la faena. Pero, recordad: se impone
que los primeros en movilizarnos seamos los papás, los
hermanos mayores, los adultos cercanos a los niños.
Para ello propongo acción. Leer libros especializados,
frecuentar revistas literarias del ramo infantil y juvenil.
Internet. Si alguien pretende orientarse es imposible que no
lo consiga con la cantidad de información existente.
El que diga lo contrario, miente.
Por
lo demás, dejadme que os diga que no soy un experto en
literatura infantil y juvenil, aunque haya sido, y sea, con
ésta con la que encuentro las mayores satisfacciones
ahora que ya no pisaré los treinta y cinco. Sólo
soy un simple motivador, un animador a la lectura, alguien que
aspira a trasmitir su pasión a quien quiera escucharle;
y en este foro me he sentido escuchado, muy comprendido. No
sabéis lo feliz y lo cómodo que me he encontrado
durante estas dos semanas que he convivido con vuestras preguntas,
ideas y preferencias, con vosotros. Muchas gracias a todos.
Hasta siempre.
Juan
Carlos Paredes.