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CONCLUSIONES - Texto de reflexión
Juan Carlos Paredes

“Leer en el aula”. ¿Tesis utópica? Parto de la idea de que no se puede obligar a leer para que te guste la lectura. Para ello, proponía precisamente que se olvidaran las lecturas como tareas obligatorias en casa y que se fomente la lectura en clase y el comentario de texto posterior, que es, guste o no, importantísimo. Lo cierto es que se ha comprobado que para algunos mi tesis es ‘distópica’. Es decir, la peor de las realidades posibles. Otros profesores lo ven complicado, por no decir imposible. Normal, están acuciados por el calendario y el programa académico que deben cumplir. A ellos les excuso. Por eso, cuando algún forero ha hablado de que leer en el aula algo que el profesor quiere también es obligar, he intercedido a su favor: me parece que si un maestro decide transmitir su pasión lectora a sus alumnos, tiene todo el derecho a elegir el libro. Además, hay que confiar en su formación y su sentido común: si lo posee, leerá a sus alumnos cosas acordes a su edad y experiencia. Hay quien opina que deberían ser los alumnos los que elijan las novelas. Esto ya sería perfecto, pero me temo que con que den ese primer paso liberalizador hacia la lectura en el aula, vamos arreglándonos. Ha surgido una idea: que una semana se lea lo que el profesor quiera y otra lo que los alumnos sugieran. Sería maravilloso, ¿verdad?

Otros foreros piensan que las obras maestras de la literatura no se deben leer jamás fuera de la universidad. No les falta razón. Otros, que debería ser preceptivo para los chavales en secundaria. Los hay que creen que son bodrios infumables y los menos que deberían leerse para adquirir cultura general. Todas son propuestas u opiniones muy interesantes y que han dado mucho juego. Por supuesto que no son bodrios, pero un mal profesor y una lectura obligatoria a destiempo puede ser fatal: campo abonado para dejar de lado las novelas y dejarse atrapar por la hechizante verborrea de la televisión.

Curiosamente, aunque el tema giraba en torno a las lecturas en el aula, también ha saltado la televisión a la palestra. Por supuesto que la “caja tonta” es el moderno leviatán de los libros, pero se han ofrecido soluciones de sobra para contraatacar eficazmente con el papel. Y lo mismo sirve para consolas, play station y similares, que no se nos olvide. En casa debe comenzar la rebelión contra los seductores rayos catódicos. La escuela y el instituto deben rematar la faena. Pero, recordad: se impone que los primeros en movilizarnos seamos los papás, los hermanos mayores, los adultos cercanos a los niños.

Para ello propongo acción. Leer libros especializados, frecuentar revistas literarias del ramo infantil y juvenil. Internet. Si alguien pretende orientarse es imposible que no lo consiga con la cantidad de información existente. El que diga lo contrario, miente.

Por lo demás, dejadme que os diga que no soy un experto en literatura infantil y juvenil, aunque haya sido, y sea, con ésta con la que encuentro las mayores satisfacciones ahora que ya no pisaré los treinta y cinco. Sólo soy un simple motivador, un animador a la lectura, alguien que aspira a trasmitir su pasión a quien quiera escucharle; y en este foro me he sentido escuchado, muy comprendido. No sabéis lo feliz y lo cómodo que me he encontrado durante estas dos semanas que he convivido con vuestras preguntas, ideas y preferencias, con vosotros. Muchas gracias a todos.

Hasta siempre.

Juan Carlos Paredes.



JUAN CARLOS PAREDES

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