UN VAJE ACCIDENTADO

27 DE OCTUBRE 2006

A las 11:30 embarcamos en "Las Golondrinas" para recorrer el tramo que va desde el Puerto Antiguo hasta el nuevo Puerto Olímpico. Lo primero que nos llamó la atención fueron los grandes cruceros de distintos países que estaban atracados allí. Frente a ellos, nuestra golondrina era una hormiguita. Pero aún así, volaba sobre las olas como un velero bergantín. Desde ella contemplamos los monumentos más elevados de la ciudad y varias playas en las que bastantes personas disfrutaban bañándose y haciendo surf.

El barco estaba repleto de turistas y en cubierta se respiraba un ambiente agradable. Todo apuntaba a una bonita y tranquila experiencia. Pero la naturaleza es la naturaleza, y los humanos somos los humanos: todo se puede estropear con unos cuantos balanceos provocados por el oleaje y por unas cuantas maniobras nada delicadas. Y así sucedió. Nosotros venimos de la sierra y no hemos tenido la oportunidad de viajar en barco. La primera media hora estuvo todo bien, pero después el barco desveló su cara más desagradable: los mareos que provoca. La mayoría, entre que estábamos de pie porque no había sitio y con el continuo balanceo, en vez de seguir contemplando el paisaje, nuestra mirada se fijó en las útiles bolsas de basura y papeleras que la golondrina llevaba consigo. ¿Qué querían que hiciéramos con ellas: utilizarlas como gafas?

En cambio, otros no vieron este lado amargo del viaje, sino que supieron disfrutarlo: reían, se echaban fotos y comentaban todo aquello que veían desde un Mediterráneo no muy alejado de la costa. En cambio nosotras...