ENTRE LIBROS. Encuentros con los autores

Lenguaje de actualidad en la literatura infantil y juvenil
PILAR MATEOS

¿De qué modo nos condiciona? ¿Estamos usándolo? ¿Es el que ellos prefieren? ¿Hay que hablar a los jóvenes con su propio vocabulario, a cada generación con sus modismos de temporada?

Mi memoria va haciendo el trayecto desde el qué genial de las abuelas para expresar algo más que aprobación: qué fantástico, qué gozada, qué chachi (lo de chachi piruli era optativo). Cruzo las estaciones de los sobrinos que ya crecieron: qué chulada, qué divino, qué chachi (variante), qué super, qué guay. Y sigo por las de los sobrinos en proceso de crecimiento: qué total, qué fuerte, qué molón, qué pasada, qué alucine. Hasta apearme en la expresión más contundente del entusiasmo juvenil: de puta madre.

Es su lenguaje. ¿Hay que imitarlo, plasmarlo, reflejarlo, usarlo, abusarlo, dosificarlo, derrocharlo, evitarlo, erradicarlo, ignorarlo, crearlo?

La nieta que no tengo se marcha a darse un rulo, sale de acampedo, ve al notas dando el cantazo y se queda boquerón. Cuando el plan no la seduce se baja del pack.

Si lo cuento así, ¿no estaré lastrando la literatura con una fecha de caducidad? ¿no engordaré la lustrosa mercadería de los libros de usar y tirar?

Y eso sí que sería un bajón, una ful, una chusta, una gena. Para entendernos, que sería muy chungo.

A fin de cuentas, no hace falta música para retratar a un músico, ni galopar para describir un caballo, ni hacer bobadas para pintar a un bobo.

Quizá es cuestión de registros y de recursos. De un realismo actual. ¿De carencias de un lenguaje sólido?

Hay novelas de gran éxito joven que no lo utilizan. Véase: "Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero". (Martín Casariego).

Autores pretigiosos que lo repudian: "al contrario. A veces uso expresiones arcaizantes". (Joan Manuel Gisbert).

Autores torrenciales que lo dominan en sus novelas realistas: "Yo hago literatura al servicio de la calle". (Jordi Sierra i Fabra).

Clásicos jóvenes que se acercan con mucho tiento a esas formas del habla: "evitando su pobreza y temporalidad". (Gomez Cerdá).

Autoras que lo aplican a gotas, como el vinagre a las ensaladas. (Sin señalar).

Por supuesto que hay otras variantes. Pero, finiquitando, que se me va la pinza con tales términos. Yo me chindo. Y, para entendernos, te dejo el turno y te cedo la palabra: arcaica, improvisada, recién parida, esotérica. La que tú prefieras. La tuya.

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