ENTRE LIBROS. Encuentros con los autores

La existencia de la Literatura Juvenil como género
CÉSAR MALLORQUÍ

Los géneros literarios son artificios creados por la industria editorial para capitalizar la fidelidad de los lectores a determinadas temáticas, pero de entre todos ellos la literatura juvenil es el más peculiar, pues se trata de un género sin atributos propios.

Cuando, hace ya casi una década, me propuse escribir mi primera novela destinada a lectores jóvenes, tuve que plantearme una cuestión que parecía evidente, pero que resultó no serlo tanto: ¿qué es la literatura juvenil?

Aún me lo pregunto.

Entendámonos, sé que la literatura infantil es un género con personalidad más o menos definida, pues posee unas reglas, un lenguaje y unas constantes que dependen de la edad del lector y de su grado de madurez intelectual y cultural. Sin embargo, en el caso de la "literatura juvenil" -es decir, una narrativa dirigida a personas de entre, digamos, catorce y dieciocho años- no lo tengo tan claro.

Recuerdo que cuando me encontraba en esa franja de edad realicé algunos de los más importantes descubrimientos de mi vida como lector, pues fue entonces cuando encontré a Borges, a García Márquez, a Kafka, a Bradbury o a Evelyn Waugh, entre muchos otros. Y ninguno de ellos escribía literatura juvenil. Por otro lado, si pasamos revista a algunas obras que se consideran clásicos de la literatura juvenil comprobaremos algo realmente curioso. Los tres mosqueteros de Dumas, Robinson Crusoe de Defoe, Los viajes de Gulliver de Swift, Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, casi toda la producción de Verne, Wells, Kipling o Stevenson, o, por poner un ejemplo de moda, las novelas de Tolkien; son clásicos juveniles, no cabe duda, y sin embargo ninguna de estas obras fue concebida para un público juvenil. Entonces, ¿por qué se han convertido en un patrimonio casi exclusivo de los lectores jóvenes?

Cabría pensar que determinados géneros -el misterio, las aventuras, la fantasía o la ciencia ficción- están más cercanos a la sensibilidad e intereses de los jóvenes, pero esto no deja de ser una simplificación. Moby Dick es una novela de aventuras, un supuesto "clásico juvenil", y sin embargo la obra de Melville posee un alcance casi metafísico que precisa de una gran madurez para su asimilación. Lo mismo puede decirse de Conrad. Y, cambiando de género, El señor de los anillos aparenta ser un amable relato fantástico, pero su lectura en profundidad exige estar familiarizado con las mitologías celta y germánica. ¿Y qué decir de Alicia en el país de las maravillas, una historia que requiere de amplios conocimientos de lógica matemática para ser comprendida en su integridad? Por otro lado, El guardián entre el centeno, una novela introspectiva y amarga carente por completo de acción o suspense, debería situarse en el polo opuesto de los intereses juveniles, pero ha sido devorada por millones de jóvenes en todo el mundo.

Entonces, ¿qué convierte a una novela en "Juvenil"? ¿Quizá que sus protagonistas sean jóvenes? Pues no, porque jóvenes son los personajes de, por ejemplo, El señor de las moscas, de Golding, o de Huracán en Jamaica, de Hughes, o de Otra vuelta de tuerca, de James, y esas novelas son consideradas obras maestras de la literatura adulta. Por el contrario, obras como Las minas del rey Salomón, de Haggard, Colmillo Blanco, de London, Tarzán de Burroughs, o El corsario negro, de Salgari, son clásicos juveniles... protagonizados por adultos.

¿Cuál es entonces la especificidad del género juvenil? Hay quien sostiene que la clave está en el didactismo, en la "transmisión de valores", pero, dejando aparte lo irritantes, aburridos y, por lo general, trasnochados que son los textos narrativos didácticos, cabe señalar que El príncipe, de Maquiavelo, es un ejemplo de literatura pedagógica y no está precisamente destinado a los jóvenes, mientras que una indiscutible obra maestra de la literatura juvenil como Las aventuras de Guillermo, de Crompton, se encuentra absolutamente alejada del didactismo y la moralina decimonónica.

En resumen: ¿existe la literatura juvenil como género diferenciado? Y si existe, ¿cuáles son sus características específicas? Por otro lado, la división de la narrativa en géneros es un fenómeno artificial más relacionado con el marketing que con el análisis literario. ¿No será la literatura juvenil una mera ficción creada por las editoriales de cara al mercado?

Hay, por último, un aspecto sobre el que quisiera incidir. Uno de los autores que han participado en estos foros dice: "hay cosas mucho más divertidas que leer". Lamento no compartir ese criterio; muy al contrario, creo que hay muy pocas cosas más divertidas que leer; de hecho, no recuerdo ninguna que no requiera primero quitarse la ropa. Leer es apasionadamente divertido (a mi modo de ver, sólo el cine se le aproxima en capacidad de diversión) y los libros me han proporcionado algunos de los mejores ratos de mi vida. Quizá el error esté en considerar la palabra "diversión" como sinónimo de "superficialidad", como sí sólo tuviera cierta hondura aquello que nos aburre o no resulta difícil. Creo que ésta es una visión elitista de la literatura y que así no sólo no se conquistan lectores, sino que se pierden.

Borges decía: "Siempre he intentado que mis discípulos vieran en la literatura un placer. La literatura sirve, ante todo, para la felicidad". No puedo estar más de acuerdo. Lo que pasa es que leer, el hecho físico de desplazar la mirada por una serie de símbolos y descifrarlos con facilidad y rapidez, requiere de cierto entrenamiento.

Entonces, ¿no será ése el objetivo último del llamado género juvenil? Demostrarle al joven lector que la lectura puede ser tan divertida o más que el resto de las opciones de que dispone y entrenarle para que pueda disfrutar de ella con plenitud.

Al menos eso es lo que yo, como supuesto escritor de literatura juvenil, intento con cada una de mis novelas.

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