CONCLUSIONES

Al terminar mi turno, quiero dar las gracias a las personas que han aportado opiniones y experiencias al tema del lenguaje de temporada en la literatura juvenil.

Parece que estamos de acuerdo en la idea de que no hay más limitaciones ni más exigencias que las literarias en el uso de cualquier clase de lenguaje. Y ni siquiera lectores vehementes como Álvaro Matas creen que la literatura juvenil, como contexto, tenga que asociarse de por sí con un tipo u otro de expresiones.

Varios participantes coinciden, también, en desmarcar de la literatura juvenil lo que es joven pero no es literatura. Y destacan que se está haciendo, en parte, un uso mercantilista, perecedero y antiliterario de las expresiones coloquiales de actualidad (Concha Álvarez, Quim Soler, María Roma).

¿Lo que no se ha señalado?; que son los editores, al final, quienes seleccionan los textos que llegan a las librerías.


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