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CONCLUSIONES Planteé un tema de una manera abiertamente polémica: la diversión contra la inteligencia, la historia contra el argumento. Las cosas, por fortuna, no suelen ser tan maniqueas. Las aportaciones de varias personas y las matizaciones de otras nos han permitido reflexionar un poco sobre un asunto fundamental de la encrucijada en que se encuentra en estos momentos la literatura juvenil: la calidad y los contenidos de la misma. Lo que parece claro es que la preocupación por el rumbo que se lleva es bastante generalizada. La actual oferta literaria está influida por lo que les llega a los chicos a través de otros soportes mediáticos: televisión, cine, radio, prensa... Los autores se han de esforzar, y lo hacen, por competir con técnicas parecidas. ¿Lo hacen por intereses económicos, por incapacidad de encontrar otros medios de expresión, por no perder contacto con los lectores...? Hay que ser consciente de que no siempre un buen trabajo literario va ligado al éxito. Más bien ocurre al contrario. Si se persigue tener muchos algo habrá que sacrificar en el trabajo literario. Las editoriales, que han de apostar por unos u otros libros, se encuentran atrapadas en el mismo dilema. Su lógica empresarial les lleva a publicar lo que tiene más aceptación, a pesar de que su lógica cultural les pediría fomentar los libros de más calidad. Estamos inmersos en la cultura del entretenimiento. El acercamiento a cualquier bien cultural no suele ser el apasionamiento por el mismo sino una manera de llenar tiempos de ocio. Este proceso parece imparable y será el mayoritario, aunque seguirá habiendo núcleos de ciudadanos, que leerán literatura como forma de acercamiento a la realidad y como vía de conocimiento propio. Aquí tenemos los autores el mayor reto: decir cosas significativas, que interesen de verdad, sin intentar banalizarlas para que abarquen un público mayoritario. En este sentido, me parece que la aportación de María Roma del día 3 de octubre es la que resume con más perfección lo que yo deseaba decir a través del debate que abría. Un libro no tiene por qué ser aburrido porque contenga temas de reflexión. Al contrario, por eso puede llegar más adentro del lector. Se apuntaba un tema interesante, que es el hecho generacional. No todos los autores son capaces de conectar con el lector, aunque sólo sea por lejanía de edad. Es cierto. Cada autor ha de saber qué fuerzas tiene para afrontar con éxito ciertos retos. Si en la literatura juvenil corren libros de dudosa calidad, el único camino de detener su marcha triunfal es denunciarlos con críticas bien fundadas. Ninguna ley prohibirá que se publiquen si los lectores los compran. Me ha gustado participar en este debate en el que han salido a relucir temas de interés que habrá que seguir analizando. |
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