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CONCLUSIONES A George Bush Jr. le preguntaron por el libro favorito de su infancia y dijo que había sido "La oruga hambrienta". El periodista, asombrado, comprobó más tarde que dicho libro, vulgar por demás y lleno de faltas de ortografía, había sido publicado por primera vez cuando Bush ya se había licenciado. El dato, citado por Michael Moore en su libro "Estúpido hombre blanco" me hizo recordar la foto en la que se veía al Presidente del Imperio con un grupo de niños. Una leía un libro de pie, y el Presidente parecía seguir la lectura con el mismo libro abierto... Y digo "parecía", porque sostenía el libro en sus manos, abierto... pero al revés. Las decisiones más graves del mundo son tomadas por alguien que lee al revés y cuyo libro favorito de la infancia aún no existía; es decir: por alguien que no lee. Y nadie se escandaliza ya por cosas así. Estamos en pleno combate entre la incultura más espesa y una cultura cada vez más ligera. En ese contexto se nos pide a varios escritores que reflexionemos sobre la literatura infantil, y parece que a la mayoría nos obsesiona la idea de que, precisamente, la literatura infantil se va haciendo más y más superficial, con el pretexto de que "resulte divertida". Al principio, en el foro que he mantenido del 16 al 30 de septiembre, todas las opiniones se enfrentaban a la mía para defender esa literatura "divertida" para "acostumbrar" a los niños a la lectura. A la lectura ¿de qué? Esa es la cuestión: de qué. Si me ha gustado el foro es porque, al final, todas las opiniones, aún con matices -faltaría más-, coincidían con la mía: el niño tiene que comprender que el esfuerzo de leer conduce a un premio mucho mayor que el entretenimiento: a la literatura. He insistido mucho en que la mejor manera de hacerle comprender eso al niño no es la cantinela recurrente, sino el ejemplo. Y la experiencia. En una de las últimas respuestas recurrí a un ejemplo: para introducir a un niño en la música clásica a nadie se le ocurre empezar por los "hits" de Operación Triunfo o de las Ketchup, sino a la música clásica de los grandes compositores, aunque en sus piezas más cercanas a la sensibilidad infantil. Dada mi dificultad para explicar mi postura me quedo con esa idea: quiero escribir literatura, no libros "ketchup". Pido a los editores que publiquen literatura, no libros "ketchup". Pido a los maestros que recomienden a sus alumnos literatura, no "libros ketchup". ¿Y qué son "libros ketchup"? La respuesta no puede ser más fácil: aquellos que no dicen absolutamente nada a un adulto lector. Un buen libro infantil es aquel buen libro que también apasiona (entretiene, divierte, emociona, enciende) a un niño. De lo contrario todos acabarán sosteniendo un libro al revés, fingiendo que en verdad aprendieron a leer en la escuela. Muchas gracias al Foro, y a todos ustedes por su atención, sus opiniones y su paciencia. |
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