GONZALO MOURE

Me dedico a la literatura infantil y juvenil por azar y necesidad. Necesidad de escribir, porque siempre supe que quería ser escritor, y azar al encontrar en niños y jóvenes un público por el que luchar. Mi primera novela, Geranium (Alfaguara 1991) tenía a dos niños como protagonistas, y en ella se resumían lo que luego iban a ser mis obsesiones: los niños encierran misterios llenos de luces contradictorias, los niños son el futuro de los demás, y el suyo propio. Por eso escribo: para que se conviertan en lectores, para que sientan la mordedura de la emoción y el gozo al leer una novela, para que disfruten del don de la lectura como niños, como jóvenes, y luego como adultos. He tenido mucha suerte: Geranium fue incuído en la Lista de Honor del IBBY, y desde entonces he recibido varios premios más: el Ala Delta, el Barco de Vapor, el Jaén, el Gran Angular, dos listas de honor del IBBY más... Pero el mayor premio es poder escribir desde lo más profundo de mi corazón, sin bonsaizar el lenguaje, sin autocensura, y encontrar un público que sintoniza con mi lenguaje. No me importa ser minoritario: prefiero emoción profunda en un lector que venta superficial en mil. Y sigo, seguiré escribiendo hasta que las ideas se nublen.

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