ENTRE LIBROS
Encuentro con los autores
         
 

 

CONCLUSIONES


1. EL TERROR ANCESTRAL Y DE BASE FOLKLÓRICA


El propio título del foro, Terror, mitos y leyendas, ha ido subrayando la relación entre los mitos, el folklore y en general el género de terror, lo cual se evidencia, por ejemplo, en la multitud de “espantos” o “asustaniños” de las distintas tradiciones locales, muy variados, pero respondiendo a unos patrones comunes que ya encontramos en los cuentos tradicionales (la figura de la bruja, por ejemplo), ya que éstos presentan una bipolaridad entre las personas protectoras (ayudantes sobrenaturales según Thompson, como las hilanderas, animales protectores, enanos, hadas…) y las potencialmente agresoras (Adversarios sobrenaturales, ogros, brujas, diablos, la muerte…) y éstas últimas son las personificaciones que se asocian con lo terrorífico.

También los rituales y las fiestas están llenas de representaciones monstruosas o “teriomórficas”, en especial aquellas que insisten en los elementos misteriosos de su caracterización, es decir, que tienen una fisonomía bien grotesca o extravagante o bien desconocida y, se supone, espeluznante, y que han servido siempre como contrapunto de otras representaciones sobrenaturales, pero de un mundo conocido, “ordenado” (cosmos/caos), como los ángeles o los santos.

Así, las carantoñas y otros seres de aspecto “terrible” en las diversas fiestas de España aparecen, en efecto, como contrapunto a San Sebastián, la Virgen, etc. Su presencia en medio de la comunidad formaría parte, según la antropóloga María Angels Roque Alonso a una especie de ritual de aterramiento, a un memento mori colectivo, que sin embargo se contrapestaría con las ceremonias de desafío que supone la quema de estos muñecos, parte sin duda de un viejo ritual apotropaico o de expulsión de los malos espíritus, donde la risa y el canto jugaban este papel de “espantar”.

Pues bien, esta doble dinámica de asustar/espantar, de tensión/liberación es lo que de algún modo se escenifica en las distintas expresiones populares de las que se apropia el niño: las nanas infantiles, los juegos, los cuentos de miedo, las leyendas de ánimas, etc.

 

2. PERSONAJES EMBLEMÁTICOS

Así, son motivos folklóricos especialmente significativos para el género de terror:

  • Tipos de ogros (G10-G399 Aarne-Thompson)
  • Fantasmas y otros aparecidos (E200-E599)
  • Criaturas maravillosas (F200-F699)

Ciertamente, el terror está muy unido a ciertos personajes o criaturas: Frankenstein como prototipo. Es un relato de interiores, aunque también puede haber terror a plena luz del día (El hombre de la multitud). En este sentido, POE es un auténtico paradigma de escritor maldito (bohemio, alcohólico, etc.) y sus relatos son siempre una incursión en estos interiores inquietantes y siniestros, más que en la parafernalia decorativa del cuento gótico, el terror psicológico va ganando terreno a los escenarios macabros o los castillos poblados de fantasmas y puertas que chirrían.

 

3. EL GIRO DE LA LITERATURA Y EL CINE A LOS TEMAS DE TERROR

Cuando la novela y el cine toman los temas de terror cabe subrayar su estrecha vinculación con el romanticismo, por ejemplo, el archiconocido cuento gótico que aún sigue inspirando toda clase de historias.

También hay que tener en cuenta que el terror primitivo, inspirado en patrones folklóricos, era cósmico y de ambiente rural: la expresión de Dios ante Abrahám, los fantasmas, la fiesta de los difuntos, etc, y tenía, como venimos diciendo, un sentido subyacente religioso (como las criaturas de la noche o las criaturas de la luz de la literatura vampírica), y, conforme a ciertos rituales, podía ser vencido o conjurado.

En cambio, el terror moderno de Lovecraft o King crea una mitología nueva, posmoderna: los dioses primordiales, donde el bien es apenas un espejismo. Pesimismo. Relación de estas temáticas con los jóvenes de ambiente urbano: LITERATURA JUVENIL el cine teen, los filmes de psicópatas, las leyendas urbanas, Pesadilla en Elm Street. Se subrayan los elementos hedonistas, eróticos, no hay lucha a favor de sino más bien para sobrevivir. El mito de la eterna juventud y su reverso: “El retrato de Doryan Grey”, de Óscar Wilde. Hay otro cambio curioso: en el terror romántico suele prevalece la mujer fatal, es la que lleva a la ruina al héroe (Los ojos verdes de Bécquer), en la narrativa moderna suele ser al revés, los asesinos o monstruos son hombres y las mujeres las salvadoras o las víctimas.

En todo caso, la literatura infantil actual, heredera de esa tradición de los asutaniños, del hombre del saco, del coco..., que Lorca glosara en su conferencia sobre las nanas infantiles, va a tener un enfoque desmitificador que busca no alejar del niño estos miedos ancestrales sino "jugar" con ellos, habituarse a estos mitos para darles un sesgo cómico o crítico: “El fantasma de la guarda”, Christine Nostlinger, o en el caso de José Antonio del Cañizo, "Oposiciones a Bruja".

Esto, de todos modos, ya existía en el folklore, pues la risa festiva, la algarabía o las bromas como antídoto al terror es lo que vemos en muchas fiestas o rituales (v.gr.: El Corpus y la Tarasca) o en ciclos de cuentos como “Juan sin Miedo”, en muchas canciones infantiles, etc. Por otra parte, lo original es que el niño no conserva estos patrones folklóricos de forma pasiva sino transformando el texto tanto en su armadura como en forma conforme a su imaginación y a su sentido poético, y, en este sentido, se dice que el niño tiende a “destradicionalizar”, a fijar el texto en un sentido “sui generis”, que es en gran medida una “re-invención” de la tradición, una lectura “sub specie ludi” (v.gr. la bruja novata), que tiende a fomentar el sentido autorreferente del juego, conjuro, canción (las rimas infantiles serían un buen ejemplo del final de este proceso).

Por eso no es de extrañar el éxito de todas las series de libros que de algún modo juegan con referentes de terror, como las ficciones que tocan el tema de monstruos (Queridos monstruos, La batalla de los monstruos y las hadas, etc.) o bien sobre brujas (Kika Superbruja, las Witch, etc.).

 

4. EL IMPACTO EMOCIONAL DE LA LITERATURA DE TERROR: DE LA CATARSIS A LA ABERRACIÓN

Los profesores, padres y bibliotecarios están preocupados por el impacto emocional de la literatura de terror. Lo cierto es que los cuentos de niños siempre han tenido ogros, brujas, dragones... y también en estas historias pasan cosas terribles, truculentas o crueles, como ogros que asesinan a sus hijos, brujas que engordan a niños perdidos para cocinarlos en una estufa o castigos sádicos, como meter a la bruja en un tonel lleno de clavos y echarlo a rodar por una ladera.
Luchar contra estas fobias siempre ha servido de catarsis o purificación, como hacía el teatro griego, aunque también existe el “regodeo” morboso de estos temas, propio del gore o del kitsch, volcado en una visión puramente macabra y tremendista del género que se agota en la propia visión de lo grotesco o lo horripilante.




Eloy Martos Núñez


 

Un programa de la Asociación de Prensa Juvenil que cuenta con la colaboración de

Ministerio de Educación y Ciencia

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