ENTRE LIBROS
Encuentro con los autores
         
 

 

CONCLUSIONES


1. Participar en este foro ha sido para mí una experiencia nueva y estimulante. Me obligó a abordar lecturas y temas que hacía tiempo que no trataba por escrito. Y me permitió conocer las opiniones, tan interesantes y variadas, de todas las personas que se animaron a participar directamente en el foro. Espero que el diálogo que hemos mantenido le haya resultado, a todas las personas que lo siguieron, tan interesante como a mí

Ahora, cuando se han acabado los días frenéticos de estas dos semanas, siento una cierta nostalgia. Quizá porque el viaje que hemos hecho durante estos quince días, como en los relatos clásicos de aventuras, me ha dejado un poso persistente. Al menos en mi caso, he regresado con algo más de sabiduría que cuando iniciamos la aventura. Espero que a los participantes les haya ocurrido algo parecido.

He lamentado, eso sí, no contar más tiempo. Al tener que simultanear el foro con las clases en el instituto, mis respuestas han sido mucho más apresuradas de lo que me hubiera gustado. En fin, “nadie es perfecto”, como decían en la escena final de Con faltas y a lo loco.

 

2. Las cuestiones suscitadas en el foro me llevaron a leer (y a releer) trabajos relacionados con nuestro tema. De todo lo consultado, la síntesis más clara sobre la narrativa de aventuras y viajes la encontré en el artículo de Emilio Pascual titulado “La novela de aventuras o volver tras un largo viaje” (CLIJ, nº 18, junio 1990), que recomiendo encarecidamente (en el mismo número de la revista hay otros artículos de interés que abordan las diversas modalidades de la narrativa de aventuras). Del artículo de Emilio Pascual reproduzco estas líneas:

Observamos que el protagonista es con frecuencia joven, si no niño. Alguien, pues, que necesita crecer, dar el salto, franquear la frontera (en Stevenson los personajes colocados por el destino frente a la aventura suelen ser ordinarios, inmaduros; será precisamente la aventura quien les confiera madurez, y por eso a la vuelta son distintos. (…) El pretexto puede ser diverso, aunque abunda el motivo de la búsqueda: un tesoro, un padre, un amigo, una venganza. (…) Aceptado el pretexto, se inicia el viaje. Viaje que en principio puede parecer absurdo e irrealizable: a veces, como en Conrad, hasta sin sentido. (…) Lo extraordinario del viaje conlleva la incertidumbre, y en consecuencia el miedo. En este sentido, la novela de aventuras es también la novela del miedo: miedo tanto a lo desconocido como a lo conocido, es decir, al adversario.

 

3. Aunque el canon de la novela de aventuras tenga su etapa gloriosa con los grandes novelistas del siglo XIX, la aventura sigue muy presente en la actualidad. Algunas aulas y varias personas a título particular hicieron aportaciones muy interesantes, citándonos títulos y autores que les habían gustado. Supongo que podría haber muchas más referencias, pero el foro sólo duraba dos semanas y no hubo tiempo para más.

También se abordó el papel subordinado de las mujeres en los títulos de los clásicos de aventuras, algo que nos extraña desde nuestra perspectiva. Un papel que, sin duda, hay que achacar a la ideología y a la sociedad de la época en que fueron escritos.

 

4. Las relaciones entre cine y literatura de aventuras aparecieron en varias ocasiones, con aportaciones que considero muy valiosas. Es un tema que daría para hablar mucho más, claro, aunque creo que se tocaron algunas de las facetas principales. Vuelvo a remitir aquí a un libro que me parece imprescindible para entender las raíces comunes de la literatura y del cine de aventuras: La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine (Jordi Balló y Xavier Pérez. Anagrama, 1997).

 

5. Y hemos acabado hablando mucho de cómics. Me parece lógico, dado que, como ocurre con el cine, la narrativa dibujada también es uno de los medios en los que la aventura ha tenido una presencia continuada. Esto me ha servido para recuperar alguno de los textos que, en años pasados, escribí sobre los cómics como lenguaje y sobre algunos álbumes de referencia. Espero que le hayan sido de utilidad a alguien.

 

6. En el texto que escribí como presentación reproduje las líneas iniciales de la novela en la que estoy trabajando. Para acabar estas conclusiones de un modo semejante, copio ahora aquí las líneas finales, todavía en borrador, pues en la revisión no he llegado todavía a los últimos capítulos. De algún modo, sirven para subrayar la idea de que la lectura de un libro es siempre, de algún modo, un viaje que emprendemos como lectores, paralelo al que viven los personajes creados por el autor:

(…)
Destierro, sí, nunca volveré a Vilarelle. Pero silencio, no. Cuando a veces rememorábamos aquel verano tan importante de mi vida, Carlos siempre me decía: “cuéntalo, cuéntalo cuando te sientas con la capacidad y las fuerzas necesarias. No dejes que aquellos días se desvanezcan en el tiempo, como si fueran recuerdos inútiles”.

A pesar de los años transcurridos, aquí está este texto que hoy finalizo. De algún modo, es otra tumba abierta. En ella aguardaba aquel Rafael al que la justicia nunca reconocerá, el caso quedó archivado como mi padre quería. Es igual, lo importante es que haya vivido todos estos años en mi memoria, y que viva a partir de ahora en estas líneas. Que este escrito mío sea el grito silencioso de ese Rafael que mi abuela amó, y de tantos como él que también amaron y soñaron en tiempos difíciles, dejándose guiar por la fuerza de la vida que late en cualquier ser humano. La misma que siento latir dentro de mí, la que me ha dado las fuerzas para llegar a estas palabras con las que finalizo.




Agustín Fernández Paz


 

Un programa de la Asociación de Prensa Juvenil que cuenta con la colaboración de

Ministerio de Educación y Ciencia

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